Cuando empecé a escribir en Blogs, tenía 17 años, y era tan solo una niña perdida en un desierto. Un lugar vacío, seco, completamente muerto. A lo lejos siempre contemplaba el mismo espejismo, un hermoso jardín, lleno de flores, de agua, de vida. Veía como la gente entraba, a veces para quedarse, otra veces como visita, pero siempre felices, llenos y completos.
¿Por qué todo el mundo podía entrar en aquel lugar y yo tenia que conformarme con aquel secarral? Así que un día decidí acercarme a observarlo de cerca.
Mi curiosidad crecía a medida que me acercaba. Olía a frutas...a lluvia, a tierra mojada. El aire era fresco, y el sol parecía abrazarte. Me acerqué casi hasta tocarlo.
Y entonces lo vi. Una puerta separaba mi angustia de la felicidad plena. Busqué la forma de abrirla, pero parecía estar cerrada a conciencia. Observé como se acercaba una chica no muy alta, morena, con una bonita sonrisa. Sacó una llave negra y algo vieja, la metió en la cerradura y la puerta se abrió.
Decidí aprovecharme de la situación...era mi momento, entraría antes de que se cerrara y por fin podría ver aquel maravilloso jardín. Pero en cuanto la chica entró, cientos de ramas y hojas me bloquearon el pasó. Algunas incluso me abofetearon.
Retrocedí inmediatamente por miedo a lastimarme más. Mientras me alejaba, un chico asomado por encima del muro me llamó. Me invitó a entrar...me dijo que agarrase su mano...yo me fié.
Le di la mano, y cuando por fin parecía que iba a conseguir pasar, me soltó.
El golpe fue brutal. Decidí alejarme de aquel lugar para siempre…definitivamente no era para mi.
Un día me atreví a mirar al horizonte y eché de menos aquel lugar, pero no tenía ni fuerzas para intentarlo.
Y entonces ocurrió. Llegaste tú. Sin dudarlo me diste la mano y me llevaste hasta la misma puerta sin apartar tu mirada de mí. Me sonreíste y me entregaste una llave, negra y vieja. La cogí con firmeza, la sonrisa me salió sola, y abrimos la puerta. Vacilé al entrar, y entonces me agarraste con más fuerza. En ese momento me di cuenta de que nuestras manos encajaban perfectamente, y en tan solo un segundo lo supe, no me iba a pasar nada. No iba a haber ramas que me golpearan, ni me ibas a soltar la mano jamás.
Di el primer paso, estaba dentro. 
Hoy tengo 20 años y llevo 4 meses y 22 días dentro del jardín más bonito con el chico mas bueno y encantador del mundo. Aquí dentro todo es maravilloso, y os animo a que encontréis vuestra llave, porque a pesar de los golpes, al final merece la pena entrar.
Bienvenidos a "La Llave del Jardín Secreto".
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